Interdependencia

instalación, projects, Proyectos artísticos /art projects

 

Presentación del proyecto Interdependencia

La instalación busca experimentar el concepto de Interdependencia, que corresponde a la dinámica de ser mutuamente responsable y de compartir un conjunto común de principios con otros. La instalación une esta idea a la problemática cotidiana de la violencia de género y para ello he contado con la participación de la Asociación de Mujeres contra el Maltrato (MUM) con las que he realizado sesiones de poses fotográficas y conversaciones. Con ellas, por las particularidades de haberse visto sometidas a situaciones de violencia, se dificulta la tarea de representar un rostro que no quiere, no debe o no puede ser mostrado de forma convencional. La singularidad del contexto y las vivencias del otro exige un replanteamiento de las formas tradicionales de exposición.

La obra consta de dos retratos que se construyen cada una en un cubo de cuatro caras. Las imágenes permanecen ocultas y es, a través de dos agujeros, que crean, como en la instalación de Duchamp Étant donnés, un deseo de superar el sistema de ocultamiento construido, es posible observar el interior de las cajas, donde nuestros ojos coinciden con las pupilas de la retratada y donde, a partir del reflejo en un espejo que produce un extrañamiento y una pausa para la reflexión,nos observamos a nosotros mismos como portadores de su rostro. Accedemos, a un diálogo personal donde el ver y el ser se convierte en una unidad. Ya no somos los meros espectadores que contemplan, desde fuera, sino sujetos que experimentan, de manera individual, lo impresentable e irrepresentable de la violencia de género.

De modo semejante a algunos trabajos del artista chileno Alfredo Jaar, mi proyecto pone en cuestión los sistemas de representación, en los que la inclusión de una imagen se realiza no de manera inmediata sino desde una recepción indirecta de la misma, lo cual hace posible intuir la violencia invisible que una imagen emitida en los lenguajes públicos establecidos sería incapaz de mostrar, pues ellos mismos son generadores y, al mismo tiempo, silenciadores de lo que producen.

 

Pero la inserción del espectador como partícipe de la obra no concluye en la experimentación de la misma. Y es que el terreno de lo visual se traslada al ámbito del lenguaje cuando los visitantes, tras vivenciar la obra, deben construir un relato que dé testimonio ante aquellos que no han participado de la misma como experiencia única e individual. ¿Cómo narrar a los otros lo visto? Es cuando percibimos, en el intento de enunciar y estructurar nuestra narración, que el lenguaje y la sintaxis instituida como comunicación no basta para expresar el acontecimiento traumático, haciendo necesaria la creación de nuevos lenguajes y vías alternativas a los ya históricamente impuestos, que permitan espacios de acogimiento, visibilización y superación de las problemáticas derivadas de la violencia estructural.